Aragón

 

Según algunos estudiosos e investigadores ya en el año 1832, es decir, dos antes de que Daguerre hiciera público su invento, el pintor zaragozano José Ramos Zapetti afirmaba haber conseguido impresionar sobre una placa de cobre pulido la imagen de una figura y parte de su estudio. Es difícil comprobar la veracidad de la reivindicación, pero el hecho cierto es que esta pierde fuerza pues no se produce hasta 1903, en un artículo de Francisco Alcántara en la revista ‘Madrid Científico’.


La daguerrotipia y, más adelante la fotografía, llegan pronto a Aragón de la mano de los fotógrafos itinerantes, mayoritariamente de origen extranjero, como Charles Clifford o Jean Laurent.


Afincado en Zaragoza desde 1856, Mariano Júdez (1832-1874) es el primer fotógrafo profesional que abre un estudio. Lo hace inicialmente en el Coso 18-19 hasta 1864 en que se traslada al Coso 33. De su obra, junto con los retratos de personalidades de la vida social y de la burguesía acomodada zaragozana, destaca la serie de imágenes de monumentos de Zaragoza, como las tomadas desde su estudio del Coso del Paseo de la Independencia, la Puerta del Carmen, la Torre Nueva o el Pilar. Se completa su obra con una extraordinaria serie dedicada al Monasterio de Piedra. Su obra fue continuada por Anselmo María Coyne (1830-1896), fundador de una importante saga de fotógrafos zaragozanos. Junto a ellos destaca durante la segunda mitad del siglo Enrique Beltrán, fotógrafo zaragozano instalado en la calle Méndez Núñez —padre del también reputado José María Beltrán Ausejo .



El ilustre científico español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), premio Nobel en 1906, considerado el padre de la Neurología, descubre la fotografía en Huesca, de la mano de fotógrafos ambulantes. Mantuvo desde su juventud y hasta sus últimos años una larga y constante actividad fotográfica, tanto en sus aspectos técnicos como teóricos. Una de sus más fértiles y menos conocidas aficiones fue la que él mismo bautizó como su «manía fotográfico-turística» o, en otras palabras, sus viajes fotográficos.


Durante el fin de siglo el francés Lucien Briet (1860-1921), padre del Parque Nacional de Ordesa, será el máximo exponente del viajero fotógrafo, pues, cargado de equipos y material fotográfico, recorre la provincia de Huesca y principalmente el Pirineo y Sierras Prepirenaicas entre los años 1889 y 1911. Su obra se plasma principalmente en sus dos libros Bellezas del Altoaragón (1913, reeditado en 2003) y Soberbios Pirineos (reeditado en 1992), profusamente ilustrados con bellísimas imágenes de paisajes, pueblos y gentes. Estos dos libros han aparecido en la biblioteca de Viñuales en sus ediciones originales, lo que nos induce a considerar la fuerte influencia de Briet sobre la obra del oscense.


En Huesca no encontramos huellas de los adelantados fotógrafos hasta el comienzo del siglo XX, si no es la escasa obra que nos ha llegado de Félix Preciado de finales del XIX, conocida sin duda por Viñuales, pues no en vano algunos retratos de aquél están copiados por este. Con el cambio de siglo aparece un amplio grupo de fotógrafos de entre los que sobresalen profesionales como Fidel Oltra (1882-1947) y su hijo José, con estudio en el Coso desde 1913, o los sorprendentes aficionados con obras mayores como Ricardo Compairé (1883-1965) , y el propio Nicolás Viñuales (1882-1927). El quehacer de este grupo se completa con los notables trabajos de Ildefonso San AgustínFeliciano Llanas, Adolfo de Motta, Rodolfo Albasini y otros.

 

En una minúscula capital de provincia como era Huesca a principios del s. XX, con apenas 12.500 habitantes censados en 1910, encontramos un asombroso número de excelentes fotógrafos. Todos se conocen, trabajan juntos e individualmente, intercambian técnicas e ideas y comparten motivos, de forma que, en una suerte de pequeño Linked Ring de provincias, la obra de este 

grupo sorprende por su modernidad, su calidad y su gran volumen.